En los deportes de resistencia, dedicamos mucho tiempo a hablar del combustible. Gestionamos cuidadosamente las calorías porque sabemos que nuestro cuerpo convierte esa energía en potencia mecánica. Como atletas, invertimos incontables horas en optimizar ese proceso mediante el entrenamiento y la nutrición. Pero las calorías no son el único combustible que necesita tu cuerpo. Hay otro tipo de combustible que a menudo se pasa por alto: el agua.
El agua desempeña un papel crucial porque alimenta el sistema de enfriamiento de tu cuerpo.
La fisiología detrás de esto es en realidad bastante simple, como explicamos en una publicación anterior. Durante el ejercicio, solo una pequeña parte de la energía producida a partir de las calorías se convierte en potencia. La mayor parte se transforma en calor interno. Ese calor eleva continuamente la temperatura central del cuerpo y, si no se elimina de forma eficiente, el rendimiento empieza a verse afectado.
Para gestionar esto, el cuerpo dilata los vasos sanguíneos y transporta más sangre a la piel, donde el calor puede transferirse fuera del cuerpo y la sangre más fría puede recircularse. El principal mecanismo responsable de eliminar este calor es la evaporación: el sudor absorbe calor y lo transporta mientras pasa de líquido a vapor.
La clave es que necesitas seguir alimentando este proceso de enfriamiento. Si no lo haces, tu sistema de enfriamiento se vuelve gradualmente menos eficaz y alcanzas mucho antes la caída del rendimiento asociada con el sobrecalentamiento.
Sin embargo, este sistema fisiológico tiene limitaciones. El sudor se produce a partir de los líquidos corporales y está condicionado por tu tasa de sudoración y tu estado de hidratación. Solo hay una cantidad de agua que tu cuerpo puede proporcionar. Por eso, añadir agua directamente a la piel puede ser una estrategia muy eficaz, especialmente cuando la sudoración se ve limitada. Por eso el agua puede considerarse combustible para el enfriamiento.
La ciencia detrás de esto es clara, y ayuda a explicar por qué una hidratación adecuada es tan importante durante el entrenamiento y la competición. Pero también pone de relieve algo que los atletas suelen pasar por alto: no desperdiciar combustible de enfriamiento.
No desperdicies combustible de enfriamiento
Un ejemplo común ocurre en los puestos de avituallamiento. Los atletas se echan agua por la cabeza y el cuello, pero gran parte se escurre de inmediato y acaba en el suelo. La intención es buena, pero en muchos casos una gran parte de ese combustible de enfriamiento se pierde antes de poder contribuir realmente a la disipación del calor. Aquí es donde cobra importancia una forma más inteligente de alimentar el enfriamiento.
Nuestros tejidos de enfriamiento están diseñados para retener el agua y mantener ese combustible cerca de la piel, donde la evaporación puede continuar durante más tiempo. En lugar de desaparecer a los pocos segundos, el agua permanece disponible para apoyar el proceso natural de enfriamiento del cuerpo, especialmente en condiciones de más calor.
Suena simple, pero puede marcar una diferencia significativa. No estás cambiando la fisiología; la estás potenciando. Simplemente estás alimentando tu sistema de enfriamiento de forma más eficaz para que pueda seguir funcionando durante toda la carrera.
Así que la próxima vez que te prepares para entrenar o competir, piensa más allá de las calorías. Pregúntate:
• ¿Me estoy hidratando lo suficiente?
• ¿Estoy usando el agua de forma eficiente?
• ¿Estoy manteniendo disponible suficiente combustible de enfriamiento para apoyar a mi cuerpo durante toda la carrera?
Las respuestas a estas preguntas pueden ser la diferencia entre sufrir por el sobrecalentamiento y mantener un mejor control térmico de principio a fin.
